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ENSANCHANDO NUESTRA TIENDA

RENOVANDO NUESTRO PACTO CON EL SEÑOR

Éxodo 19:1-6

11° aniversario de Shalom

El Dios que redime a su pueblo espera que este pueblo redimido sea un pueblo consagrado. Dios nos redime por gracia, pero este amor tiene por fuerza que provocar fidelidad a su propósito: "En ti serán benditas las naciones de la tierra".

Hoy estamos celebrando 11 años de habernos organizado como iglesia, recordamos con mucho entusiasmo aquel sábado 8 de enero del año 2000 cuando delante de hermanos y hermanas de varias iglesias dimos razón de nuestra fe, de nuestros principios y del propósito por el cual habíamos resuelto establecernos como una iglesia bautista formal. Ya llevábamos año y medio reuniéndonos y sirviendo, pero ese 8 de enero dábamos testimonio público de nuestro compromiso por seguir adelante como comunidad de fe, y emprendíamos el camino por obtener el reconocimiento legal ante las autoridades de nuestro país, y la vinculación fraternal y misionera con iglesias cristianas dentro y fuera de México. Hemos vivido juntos muchas cosas, algunas difíciles y tristes, pero muchas más, de profunda alegría y crecimiento espiritual. Pero de algo hemos estado seguros: que la palabra de Dios no ha vuelto vacía, que el Espíritu Santo no nos ha dejado de sostener y que el amor entre nosotros ha hecho la gran diferencia. Pero también hemos aprendido que cada año trae sus propios desafíos, que la vida de una iglesia es de largo alcance y que cada uno de nosotros tiene que aportar lo mejor de sí para la edificación de todo el cuerpo; que somos peregrinos y que debemos tener siempre la vista fija en el autor y consumador de nuestra fe, haciendo nuestra parte cada día, y preparando a otros para que tomen con fidelidad la estafeta. ¿Qué quiere el Señor de nosotros para los próximos 11 años? Que ensanchemos nuestra tienda, que obedezcamos al Señor en todo, que vivamos en santidad y que seamos de bendición a los habitantes de nuestra ciudad. Tenemos la más grande promesa, pero también la más grande demanda.

Israel había viajado por tres meses por el desierto. El Señor había hecho grandes maravillas a favor de los descendientes de Abraham: Los sacó de Egipto, derrotó a los ejércitos egipcios en el mar rojo, y los guió hasta llegar al Sinaí. Ahora, a los pies del monte conocido también como la montaña Yebel- Musa, de unos 2,300 metros de altura, niños, jóvenes y adultos esperan a Moisés quien a ascendido la montaña para escuchar lo que Dios tiene que decirles: "Así dirás a la casa da Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: "Vosotros visteis lo que hice con los egipcios, y como os tomé sobre alas de águila y os he traído a mí". Ahora pues, sin dan oído a mi voz y guardan mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa". Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel". Este es un texto lleno de hermosos detalles; más de los que puedo abarcar en este sermón, pero meditemos en algunos de ellos en el contexto de estos 11 años de caminar con el Sefior. Lo que Moisés escucha de pate de Dios es su decisión de establecer un pacto con ese grupo de familias que, vinculadas al tronco de Abraham y su familia, y a quienes él ha liberado de Egipto, ahora los establece como pueblo y hace un pacto con ellos.

UN PACTO QUE VIENE DEL SEÑOR

"Así dirás a la casa de Jacob". Jehová es un Dios que se revela, que no está oculto, que se encuentra inmerso en el proceso de liberación de su pueblo. Un Dios que está comprometido con la vida de la gente, que tiene el propósito de hacer de ellos un pueblo de gente santa, espiritual y a la vez, de gente comprometida con él y su causa en el mundo. Por eso es que llama a un hombre para que sea su mensajero, su portavoz. Un mensajero que recuerde con exactitud las palabras y las intenciones del Dios para con su pueblo. Un mensajero que no olvide ni los más mínimos detalles y recuerde a sus hermanos de manera viva la revelación y el carácter del Señor. Y si de algo estamos seguros después de 11 años es que el Señor está comprometido con Shalom, que nos ha revelado las intenciones de su corazón, su voluntad para con nosotros y su decisión de hacer de nosotros una comunidad de amor y servicio.

"Os tomé como alas de águila". Esta es una imagen conmovedora. La madre pasa bajo la joven águila mientras aprende a volar y en caso de necesidad la recoge a salvo. Como el águila que excita a su nido y revolotea sobre sus crías, así Dios despliega sus alas nos toma y nos lleva en sus plumas (Deut. 32:11). Dios sacó a Israel de Egipto y lo trajo al nido del monte Sinaí. Pero hay algo mucho más profundo. Dios les dice: "Os he traído hacia mí". No a la tierra prometida, no a algún lugar en este mundo, hacia mí. Más bien ha llevado a Israel a su encuentro, como si Israel no hubiese percibido, en su pasado reciente, quién es el que los ha socorrido y guiado. Esta frase no aparece en ninguna otra parte del Antiguo Testamento, y nos habla de una relación existencial, muy real entre Israel y su Dios. Jehová anhela una relación personal e íntima entre él y su pueblo. Los he traído al encuentro conmigo, con mi corazón, como los encuentros entre un padre y una madre con sus hijos, íntimos, profundos, llenos de amor y ternura, de fuerza y disciplina. Una relación que no se da desde lejos o bajo miles de mediaciones, no, es un encuentro cara, corazón a corazón, palabra a palabra, un encuentro donde somos reconocidos como hijos e hijas por Dios, en nuestro caso, a través de Jesucristo.

Permítanme compartirles una historia personal. Hace ya varios años, estaba con Ximena en una alberca, ella, parada en el borde no se atrevía a arrojarse al agua. Entonces le extendí mis brazos. Ella me miró, después miró al agua, hizo un cálculo rápido y se lanzó a mis brazos. Así tal cual, simple y sublime. Ese día Ximena hizo tres cosas sencillas, pero a la vez profundas. Pudo vencer el miedo, pudo experimentar que se podía confiar en los brazos de su papá, y saltó justo al lugar donde el temor se engendra y se enseñorea: en la piscina. Su papá estaba justo allí dentro; sólo que él si alcanzaba el piso de la alberca y estaba a la vez, con medio cuerpo fuera del agua. ¿No hemos experimentado lo mismo?, es decir, estar allí al borde de la piscina de la vida. Desde allí parecía un inmenso mar atemorizante, estrujante, irreverente contra nosotros, contra nuestros sueños, nuestras potencialidades y esperanzas, contra nuestro llamado. Y justo cuando estábamos a punto de ser destruidos por nuestras malas decisiones, por nuestras frustraciones y ligaduras, por nuestras erróneas percepciones de las cosas y de las personas, por sus efectos, y por los impulso de todas las fuerzas negativas que se mueven en los aires. Allí, justo allí, Dios extendió sus brazos hacia nosotros y nos dijo: Salta. Y nos lo dijo dejándonos sentir la inmensidad de su amor y comprensión. Y saltamos, vencimos el temor, supimos que en los brazos del Señor se puede confiar, y nos lanzamos precisa y justamente a la piscina de la vida, a sus brazos. En el caso de Israel era el desierto, pero en todos era encontrase con su Dios liberador.

UN PACTO QUE TIENE SU DEMANDA Y SU PROMESA

Dios asume su puesto como Dios y Señor soberano sobre el pueblo de Israel, pues le impone demandas: "Si escuchas mi voz y guardas mi pacto". ¿Qué implicaciones tiene esta afirmación para un pueblo que recién ha sido liberado? En el antiguo cercano oriente, los tratados de vasallaje nos enseñan que un rey soberano pone demandas sobre el rey vasallo; de la misma manera Dios hace con Israel. Ningún dios ha metido su mano en medio de un imperio para sacar a su pueblo, excepto el Señor, Dios de Israel (Deut.4:34). Por lo tanto, Dios tiene potestad sobre Israel, y demanda lealtad: escuchar su voz y guardar su pacto. Este mismo relato es recordado en Deuteronomio capítulos 4 y 5. Y al finalizar este recuento en el capítulo 6:4,5, Dios revela su sublime demanda: "Oye Israel, el Señor tu Dios, uno es. Por tanto, amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas". El verbo hebreo traducido por amar, también se usa en los tratados de vasallaje antiguos, y significa más bien: "serás leal". Esto quiere decir que la idea de "amar a Dios" se manifiesta siendo leal a él. En otras palabras, nuestro amor al Señor se hace evidente cuando oímos su voz y guardamos su pacto.

El pueblo que ha sido conducido a la libertad, es ahora, paradójicamente llamado a ser dominado. Sin embargo, el dominio al que ahora debe someterse es diametralmente opuesto al dominio del que fue librado. El dominio del faraón esclaviza, mientras que el dominio de Dios lo hará: "su especial tesoro entre todos los pueblos". El término hebreo indica que el tesoro es especial porque ha sido ganado. No es cuestión de una herencia que se recibe; es tesoro porque se ha trabajado por él. Si dieres oído a mi voz y guardareis mi pacto".

Dios le está diciendo a Israel: "Te he sacado de la servidumbre en Egipto para que se.is mi siervo, mi especial tesoro". ¿Y qué significa ser el especial tesoro de Dios? El verso 6 lo aclara. Ser parte del especial tesoro de Dios implica que somos un "reino de sacerdotes y una nación santa". Ambos términos van de la mano, porque quienes son sacerdotes de Dios han de ser santos, como Dios es santo (Lev. 11:44). El sacerdocio es tanto privilegio como obligación. Privilegio por cuanto implica una cercanía especial con el Señor. Isaías decía que Dios multiplicará las fuerzas a quienes no tienen ninguna, y que los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas. Y tales fuerzas no se restringen a lo físico, sino a lo espiritual también. Pero también es obligación, puesto que el sacerdote de Israel tenía que realizar los sacrificios, para así poder transmitir el perdón divino. En la traducción latina, la palabra sacerdote es traducida por la palabra “pontifax”, que significa constructor de puentes. De manera que un sacerdote levanta puentes y no muros, junta caminos y no hace barreras, conduce a la gente a un encuentro con el amor de Dios.

Los cristianos hemos hecho nuestro el compromiso de la alianza de Éxodo 19. Para nosotros, creyentes en el Señor Jesucristo, escuchar la voz divina es dar atención al Resucitado, quien nos ha dicho que somos su real sacerdocio y nación santa, para anunciar las virtudes de Aquel que nos sacó de las tinieblas a su luz admirable. Es tiempo de renovar nuestro pacto con el Señor, de afirmarnos como hijos e hijas suyos, como ovejas de su prado y como su comunidad. ¡Somos del Señor! Pero también es tiempo de renovar nuestros votos de lealtad, de que estamos dispuestos a guardar su palabra, a vivir de acuerdo al fruto de su Espíritu. Las relaciones que se establecen con el Señor jamás son neutrales, nunca están libres del mandato espiritual, moral y comunitario. "Somos una nación santa". En el verso 8 se dice que el pueblo escuchó las condiciones del pacto y las aceptó: Todo lo que Jehová a dicho haremos". ¿Qué responderemos hoy, en el umbral de un nuevo año? "Todo lo que el Señor ha dicho haremos".

 

Que el Dios de la vida, nuestro Señor liberador nos bendiga y nos guarde, haga resplandecer su rostros sobre nosotros, tenga misericordia de nosotros y nos de su paz. Que el Señor bendiga a Shalom y nos conceda la dicha de la alegría espiritual por el deber cumplido hoy, mañana y hasta el último día. Amén.

Rev. Javier Ulloa Castellanos

Domingo 23 de enero de 2011

 

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